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¿Por qué es importante y sanador que la mujer limpie su útero energéticamente?

Te invito a llevar tus manos a tu útero, como un gesto de conexión con este espacio sagrado. Al llevarlas a este lugar, tu mente también se dirigirá allí. Simplemente respira desde tu útero, sin forzar. Inhala y siente cómo tu útero crece y al exhalar, percibe cómo decrece. Mantente unos segundos allí. ¿Es agradable? ¿Qué sentiste?

Para algunas personas puede sonar extraño que el útero deba limpiarse energéticamente. Quizás, porque cuando utilizamos la palabra “limpiar”, asumimos que algo se encuentra sucio o impuro. Sin embargo, no tiene relación con esto, sino más bien con la necesidad de re-significar nuestro útero e incorporarlo a la psique de la mujer, pues por mucho tiempo este quedó relegado al mundo del sufrimiento y del dolor. En este sentido, “limpiar” significa dejar espacio, liberar y soltar.

¿Es el útero algo más que un órgano? 

Pues sí, el útero es nuestra matriz sagrada y en él habita un enorme potencial energético. Es nuestro cuenco, donde nace la vida y el placer. Es un reflejo de nuestro corazón femenino. El útero no es solo un lugar, donde nuestros bebes crecen, es el órgano que recibe nuestras emociones a lo largo de toda nuestra vida de mujer.

Bajo el vientre podemos distinguir el “centro de sensaciones”, que es el espacio de lo femenino, dotado de gran energía. Todas desplazamos muchas cosas hacia este lugar y es por esto que allí se generan una serie de problemas, que pueden ser provocados por temas específicos, como una vida insatisfecha o llena de dificultades, asociada a distintos ámbitos, tales como preocupaciones en el trabajo o con la pareja, vida sexual insatisfecha, entre otros. Si no logramos sentir o liberar  estos problemas, la energía que allí yace se estanca y muchas veces deriva en síntomas, que pueden manifestarse desde un simple dolor, hasta quistes, miomas, o desorden hormonal.

El útero por excelencia recibe, pero también tiene la capacidad de entregar, liberar y soltar. De hecho, todo en la naturaleza tiene la facultad de contraerse y relajarse, de recibir y de entregar. Así es la armonía que nos rodea. Sin embargo, a la mujer no se le educó sobre el poder que tiene su útero, sobre todo, se censuró su capacidad de soltar. Se le inculcó miedo al liberar y relajar, entonces los úteros se enfriaron y dejaron de vibrar, palpitar y moverse. Las mujeres dejaron de abrir sus vaginas para permitir el paso de sus bebés. De hecho, la menstruación “que liberamos mes a mes” fue interrumpida con pastillas, tampones y toallas que absorben la sangre. En síntesis, el arte de “liberar” se maltrató. Apuntaron con el dedo a aquellas que bailaban en torno a una fogata o movían su pelvis libremente, y a otras las quemaron por esta libertad, por este acto de soltar. Las mujeres “que aguantaban” parecían ser fuertes y valerosas parecían y las mujeres “que decidían” eran tratadas de desobedientes.

Me gusta sentir la energía que me rodea, sin embargo, cuando comencé a entender específicamente la energía del útero, no sólo de mi propio útero, sino que el de otras mujeres, a través del trabajo energético de sus vientres, doy por confirmada la diferencia que existe entre “un antes y un después”. El trabajo energético de los úteros sana y te hace ahorrar años de terapia.

Con el tiempo comprendí que el útero capta la energía psíquica, es decir,  energía psíquica, entendida como la energía de los procesos de la vida se puede transmitir en el útero de la madre.

En el útero de la mujer crece la vida de hombres y mujeres. Como madre que soy, entendí en cuerpo y alma que todo se traspasa durante la etapa gestacional. Lo que una madre vive, siente, entiende, incorpora, sueña y anhela, es percibido por su bebe. Es innegable la comunicación madre hija(o) que se da en la etapa gestacional, por lo que la psique femenina (es decir nuestra alma femenina) habita en nuestro útero. Quizás, no en vano Freud y sus colegas llegaron a la síntesis de que si la mujer logra liberar la energía psíquica estancada o bloqueada en su útero, sanará su mente y, por qué no, su comportamiento ante la vida.

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Un poco de historia y de histeria

A mediados del siglo XIX, los úteros de las mujeres comenzaron a enfermar, siendo la sexualidad femenina un objeto de estudios científicos. Algunos casos obedecían a úteros que se ponían rígidos, perdiendo elasticidad y funcionalidad. Los síntomas de estas mujeres incluían mal dormir, retención de líquidos, pesadez abdominal, espasmo muscular, irritabilidad, fuertes dolores de cabeza y tendencia a causar problemas, debido a sus estados violentos. A esta enfermedad le llamaron paroxismo histérico, más conocido como histeria. El método utilizado para sanar sus síntomas era recibir masturbación del médico, quien realizaba un masaje pélvico, estimulando los genitales de la mujer hasta llevarlas al orgasmo.

El deseo sexual reprimido de las mujeres

            El desconocimiento sobre nuestra sexualidad y el habernos alejado de nuestros cuerpos nos ha creado una represión en el ámbito de lo sexual. Tal como lo expresa Paula Pérez, investigadora de Ginecología Natural: “nuestra sexualidad v se ha visto como un territorio que se controla, se analiza y se somete” (Manual introductorio a la ginecología natural. Santiago: Ediciones Ginecosofía, 2015, p. 31).

Gracias al paroxismo histéricoSigmund Freud empezó a entender que había algo más que la conciencia, es decir, comenzó a descubrir la existencia del inconsciente. Es así como al entrar en las vaginas y úteros de las mujeres Freud terminó por afirmar que lo que se conocía como histeria femenina era provocado por un hecho traumático que había sido reprimido en el inconsciente.

¿Podríamos decir entonces que el inconsciente se hospeda en el útero? Quizás, si Freud leyera esto, ¡me haría un lavado vaginal de inmediato por desordenada y desobediente! Sin embargo, creo que sí, que en nuestros úteros habita memoria, información y energía en estado inconsciente y que liberándola podremos acceder a la sanación de la energía femenina, individual y colectiva.

El útero participa en todas las enfermedades de las mujeres. De ahí que antiguamente realizaban la HISTEROSTOMIA a las mujeres que padecían de HISTERIA o tenían problemas psicológicos, depresiones o angustias. Al parecer, sacando el útero la mujer sanaba mental y emocionalmente. Sin embargo, la propuesta de este presente es escuchar tu útero y dejar que se exprese, liberándolo, pero no de tu cuerpo. Más bien todo lo contrario; encarnarlo a tu cuerpo y sanar desde adentro.

He estudiado e investigado de manera personal que el útero adquiere y recoge memorias por medio de 4 energías:

A través del Linaje Femenino: La información se pasa de útero a útero, por la  unidad dual madre-hija. Cada hija trae consigo a su madre, y a todas las madres que existieron antes que ella. Podemos registrar en la etapa gestacional las impresiones y sentimientos de nuestra madre. También, podemos reconocernos entre las mujeres de nuestro linaje femenino y encontrar muchas cosas en común; incluso sueños, deseos, hábitos y carácter. Recibimos energía de nuestro linaje, pues nacimos del útero de una mujer, de su copa, de su matriz, del lugar donde ella dirige sus emociones, pero donde también sofoca su sentir. Por ende, crecer en el vientre de nuestra madre nos conduce necesariamente a entender y sentir nuestra línea materna y, en algún  momento, a empatizar, aprender y por  qué no, sanar junto a ellas.

Por medio de la Impregnación Energética: Es cuando intercambiamos fluidos, como semen y fluido vaginal. De esta manera se activa el detector de las variaciones físicas o químicas, que provienen del interior del individuo con el que compartimos nuestros fluidos. Cuando intercambiamos fluidos, no solo estamos asimilando la información química que nos entrega este proceso. También estamos obteniendo el psiquismo celular de nuestras parejas. Y en la virtud mal aspectada que muchas mujeres tenemos de retener, es que contenemos ese psiquismo celular de la pareja con la que estuvimos sexualmente en nuestro útero. En un curso de yoga kundalini, impartido por Nam Nidham Kaur en el año 2009, nos explicaban la visión de Yogi Bhajan sobre el modo en que las experiencias sexuales son impresas en nuestra aura y en nuestra mente subconsciente. Cada uno se impregna con una intensidad diferente. Las mujeres son muy sensitivas y recibidoras de la cualidad penetrante del hombre. Cuando un hombre penetra a una mujer, el aura de ella quedará impresa durante 7 años en un orden decreciente, a medida que se aleja de la fecha de la penetración. Si te preguntas, ¿en qué te influye tener impresa la penetración de una pareja en tu aura? Sigue leyendo.

La impregnación funciona así: Recibimos, retenemos, acumulamos información de nuestras parejas sexuales y la sostenemos en nuestro útero. Esto ocurre en cada relación sexual, cobijando esa frecuencia en la que transitamos con nuestro acompañante sexual. En cada encuentro, cuando el semen entra o cuando hay  un  beso e intercambiamos saliva, estamos compartiendo material genético, información y energía. En la cultura oriental bien se comprenden estos fluidos como la VIDA. Y ciertamente en ellos hay mucha información. No por nada, para saber cómo está tu cuerpo se examinan fluidos, como la sangre, la saliva, el flujo vaginal o el semen. En este sentido, si vemos el útero, tal como lo dilucidaron los médicos de la antigüedad; como una  llave para la comprensión de la psiquis femenina, encontramos entonces que tiene una vibración y frecuencia tan alta que retiene y recoge información, igual que nuestro cerebro. Esto nos hace notar que lo que retenemos en el útero, sea nuestro o no, pasa directamente a afectar nuestro pensar y actuar. Así, las hormonas se polarizan, segregamos más testosterona que estrógeno y progesterona y nos masculinizamos. Por esto, no sabemos la dirección a tomar, surge mucha duda, nos sentimos incomprendidas, perdidas en algunos casos y tantas cosas más. Muchas de nosotras no llegamos a entender por qué entramos en esto y consultamos cientos de terapeutas y psicólogos para que nos sirvan de brújula para encontrarnos… y la brújula siempre existió, sólo que está tapada por energías que no son nuestras y que están demás en nuestro interior, en nuestro espacio psíquico uterino. Esta comprensión nos lleva a descubrir por qué nos hemos alejado cada vez más de nosotras mismas, de nuestra esencia innata de sanación y dirección. En definitiva, de nuestra esencia femenina y de la fidelidad a nuestra alma.

Por medio de la Emisión de Energía (necesita proximidad y tiempo): ¿Les ha pasado que cuando se juntan con sus amigas durante tres o cuatro días (incluso menos) en un mismo espacio, comienzan a menstruar todas juntas? Esto se da por la emisión uterina por proximidad entre mujeres y asiduidad. Es decir, este psiquismo femenino surge por la proximidad de vibración entre una y otra mujer. De ahí que en los círculos de mujeres se libere en todas la hormona oxitocina, que es activada por proximidad. Está demostrado que esta mejora la capacidad de las personas de confiar en otros, promueve la actividad social, supera el temor a la traición y crea un círculo de confianza y afecto. En consecuencia, esta hormona SANA la ruptura de la hermandad femenina y restablece la confianza en otra mujer, sea conocida o desconocida, pues empezamos a emanar y a recordar el origen es decir LA UNION. De la misma manera, al dormir con un acompañante, pareja o esposo que está constantemente enojado, con rabias o mal humorado (emociones por las que todos pasamos) lo sentiremos por emisión y es probable que entremos en su misma frecuencia energética.

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También tenemos los introyectos: Un introyecto es una idea, una creencia que se absorbió en determinado momento de la vida, usualmente, en la infancia. Esta idea, tal vez, ya no responde a la situación y necesidades presentes, pero sigue vigente. La mayoría de las veces un introyecto toma forma en una oración con la palabra debes o deberías. Por ejemplo, si durante tu infancia te decían: “debes ser una mujer fuerte y mantenerte al pie del cañón y una mujer fuerte es la que lucha”, o bien, “las mujeres debieran ser obedientes y buenas niñas”, seguramente, estas aseveraciones aún repercuten en tu vida adulta. Si has pasado por un momento difícil y no puedes manifestar tu debilidad, no te permites llorar o sentir e incluso confiar o delegar, te aseguro que a través de la revisión de tus introyectos de mujer encontrarás frases, como las descritas anteriormente, que no se adaptan a tu presente. Posiblemente, sea tiempo de soltarlas para incorporar creencias que te fortalezcan y empoderen como persona, como mujer sagrada.

Ahora bien, ¿significa esto que un introyecto es malo? No, solo que puede no responder a la necesidad que tiene tu alma en el presente y, por ello, puedes sentir frustración, miedo, inseguridad y desconformidad, muchas veces sin saber la causa, conscientemente. Es más; algunos síntomas se presentan por introyectos, como por ejemplo, “ando enferma, pues ando con mi regla”, “pronto me voy a indisponer”, “para qué voy a ir a esa reunión si será lo mismo de siempre, me dejarán en lista de espera”, “para qué tratar de quedar embarazada si ya llevo 10 intentos y no pasa nada, mi útero no me funciona” etc. Una larga lista de creencias que se anidaron en nuestra mente femenina, por ende en el útero.

En el curso Clínica, herramientas y proceso terapéutico en geometrías de obsidiana, Ana Silvia Serrano nos explica sobre la energía que habita en el inconsciente femenino:

Y para qué decir de la energía que aún anida en el inconsciente femenino a nivel colectivo y que muchas pasamos por alto, las historias de sufrimiento, humillación, dolor que hemos grabado en nuestros cuerpos, en nuestro inconsciente. Historias que han quedado reprimidas y bloqueadas a nivel individual y por ende colectivo. Por ello, es inminente atender las historias de vida que no hemos logrado cambiar y repetimos una y otra vez, año tras año, siglo tras siglo, vida tras vida (Santiago, 2013).

Como pueden ver, el útero es más que un órgano encargado de acunar bebés, pues en él reside una energía que fue digna de investigar por muchos hombres y que, actualmente, solo las mujeres que han despertado a esta sensibilidad uterina conocen. Son estas mujeres las que logran moverse en el mundo, recibiendo información de sus sentidos desde vientre, donde está la llave hacia su psiquis.

Está en nuestras manos el don de sanar nuestro útero, re-significarlo y permitir que entre en nosotras la energía femenina-comprensiva, compasiva, incluyente, sanadora, sabia y creadora. Los pensamientos en positivo sobre nuestro útero; cuidarlo y sobre todo escucharlo, nos llevan directo a la llave que nos dirige al ALMA FEMENINA, a su sanación personal y colectiva, visualizándola como un alma integradora y amorosa.

Siente tu útero como una copa, una copa en la que entra información. Tú eres la encargada de hacer alquimia con ella, entregando tu sangre menstrual a la tierra y permitiendo con este acto, ayuda real para que tu linaje se libere de ataduras establecidas, generación tras generación, y así también honrar al hombre que visitó este espacio sagrado.

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